01/09/2025 - 10:09 - Canales
Autor: Juancito Fera
El caso reciente de Franco Colapinto, joven piloto argentino de Fórmula 1, ilustra de manera muy clara la diferencia entre tener un líder y tener un jefe.
Hace pocas semanas, Flavio Briatore, director del equipo Alpine, sorprendió con declaraciones públicas hacia Colapinto:
“No estoy contento, no es lo que esperaba de Franco. Quizás no era el momento de subirlo a la F1.”
Estas palabras, lejos de fortalecer a su piloto, reflejan un estilo de liderazgo vertical y controlador, en el que la crítica pública se usa como herramienta de presión. El riesgo de este enfoque es evidente: mina la confianza del talento y apaga la motivación intrínseca.
Contrastemos esta situación con la etapa de Colapinto en Williams, donde fue integrado por James Vowles. Allí, vimos a un joven piloto disfrutar, relajarse y desplegar todo su potencial. Vowles no lo llenó de presión; lo animó a vivir la experiencia y a confiar en su preparación. El resultado fue inmediato: Colapinto se mostró seguro, sonriente y competitivo.
¿Qué cambió en Franco?
Al llegar a Alpine, el cambio fue palpable: su personalidad perdió la chispa que lo caracteriza. Su talento de conducción sigue intacto, pero la alegría y naturalidad parecen haber quedado en el box de Williams.
La pregunta surge inevitablemente:
¿Dejó de tener un líder, para pasar a tener un jefe?
Y la respuesta no solo afecta al propio piloto. Lo vimos en la Carrera de Países Bajos, donde el equipo de Alpine tomó decisiones erróneas de estrategia. ¿La razón? Falta de confianza. Esa vacilación les costó caro: perdieron la posibilidad de sumar los primeros puntos de Colapinto en la escudería.
Cuando la confianza se erosiona, no solo se resiente la performance individual: el equipo entero queda paralizado. La falta de liderazgo inspirador genera dudas, miedo al error y decisiones tardías.
La reflexión para cualquier líder
Aquí es donde el automovilismo nos deja una lección aplicable a cualquier organización:
*¿Cómo somos con nuestro equipo?
*¿Damos confianza o sembramos temor?
*¿Permitimos el error como parte del aprendizaje?
*¿Dejamos a nuestra gente crear, innovar y asumir riesgos?
El trabajo en equipo da frutos cuando existe un liderazgo que inspira, que acompaña y que motiva. Un líder sabe que los resultados llegan como consecuencia de un entorno sano, no del miedo o la presión.
Todavía estamos a tiempo de generar cambios en nuestra manera de liderar. Permitámonos dar confianza. Permitámosles crear. Permitámonos liderar, y no simplemente mandar.
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